Qué cláusulas mirar antes de firmar con una agencia de marketing veterinario

Veterinaria revisando un panel de resultados en un portátil junto a una clienta en la clínica

Qué cláusulas mirar antes de firmar con una agencia de marketing veterinario

Nos ha pasado varias veces: una clínica nos escribe porque quiere cambiar de agencia, y al pedir los accesos descubre que el dominio está registrado a nombre de la agencia anterior, que la cuenta de Google Ads es de una agencia y no de la clínica, o que el contrato tiene una cláusula de permanencia de la que nadie se acordaba. Nada de esto es ilegal. Es, simplemente, letra pequeña que nadie leyó.

Un contrato de marketing no se firma pensando en el día que empieza, sino en el día que termina. Mientras todo va bien, da igual a nombre de quién esté el dominio. El problema aparece cuando quieres cambiar, y entonces ya no estás negociando desde tu sitio. Estas son las cláusulas que conviene leer con calma antes de firmar nada.

La cláusula de permanencia que nadie lee

Muchos contratos de marketing incluyen una permanencia mínima (12, 18 o 24 meses) con una penalización si te vas antes. No tiene nada de malo en sí misma, pero hay que saber que existe y cuánto cuesta salir. Antes de firmar, pregunta directamente: «si quiero dejarlo en 6 meses, ¿qué tengo que pagar?». La respuesta debería estar en el contrato, no en una llamada de teléfono.

Al leerla, fíjate en tres detalles que cambian mucho el resultado:

  • Cómo se calcula la penalización. No es lo mismo pagar una cantidad fija que las mensualidades restantes hasta el final del periodo.
  • Si la permanencia se renueva sola. Hay contratos que, si no avisas con antelación, arrancan otro periodo completo. Es la trampa más habitual.
  • Qué justifica salir sin coste. Un incumplimiento de entregables por parte de la agencia debería permitirte salir. Si el contrato no dice qué es incumplir, en la práctica no se incumple nunca.

Una permanencia razonable tiene sentido cuando hay una inversión inicial fuerte, como una web nueva. Lo que no tiene sentido es una permanencia larga sobre una cuota mensual de gestión, sin nada que amortizar.

¿De quién es tu web cuando dejas de pagar?

Esta es la pregunta que más disgustos evita. El dominio, el hosting y la propiedad del diseño deberían estar a nombre de la clínica desde el primer día, aunque sea la agencia quien lo gestione. Si la agencia insiste en que todo quede a su nombre «para simplificar la gestión», es una señal de alarma: significa que si te vas, te vas con las manos vacías y tienes que empezar de cero.

Hay un matiz que conviene entender. Una cosa es la titularidad del dominio y de los contenidos, que debe ser tuya, y otra son las licencias de plugins o plantillas de pago que la agencia use con su propia cuenta. Esas suelen ser suyas y es normal que haya que renovarlas a tu nombre. Lo importante es que el contrato diga cuáles son, para que no aparezcan como sorpresa el día de la mudanza. Nosotros trabajamos así por defecto: webs que se quedan en propiedad de la clínica.

Quién es dueño de las cuentas publicitarias

Lo mismo aplica a Google Ads, Meta Ads y la ficha de Google Business Profile: deben crearse vinculadas a un correo de la propia clínica, con la agencia como usuario invitado con permisos de gestión. Así, si cambias de proveedor, no pierdes el historial de la cuenta (que afecta a la calidad y al coste de los anuncios) ni tienes que reconstruir años de reseñas y posicionamiento desde cero.

El correo con el que se crean esas cuentas debería ser genérico de la clínica, del tipo administracion@tuclinica.com, y no el personal de nadie. Si el dueño de la cuenta es el correo particular de un auxiliar que se marchó hace dos años, tienes el mismo problema que si fuera de la agencia.

Añade a la lista Google Analytics, Search Console, el gestor de tu web y la herramienta de correo o WhatsApp que uses para avisos. Son cuentas que nadie recuerda hasta que las necesita.

Qué entra en la cuota y qué se factura aparte

La confusión más cara no es la permanencia, es mezclar honorarios con inversión publicitaria. Son dos cosas distintas y deberían aparecer separadas en la propuesta y en la factura: lo que cobra la agencia por gestionar, y lo que va directo a Google o Meta.

Antes de firmar, deja claro por escrito:

  • Si el presupuesto de anuncios lo pagas tú directamente a la plataforma o lo adelanta la agencia y te lo refactura.
  • Si los honorarios son fijos o un porcentaje de la inversión. Si son un porcentaje, la agencia gana más cuanto más gastas, y eso conviene saberlo.
  • Qué trabajos están incluidos y cuáles se cobran aparte: una landing nueva, fotos, un vídeo, la traducción de la web.
  • Qué pasa si un mes no se invierte en anuncios. ¿Se sigue pagando la gestión completa?

Si una propuesta te da un único número al mes sin desglosar, pide el desglose. Puedes ver cómo lo planteamos nosotros en nuestra página de precios.

Qué se entrega, cuándo y con qué nivel de detalle

Un contrato que dice «gestión de redes sociales» no dice nada. Uno útil concreta el número de publicaciones, quién escribe los textos, quién aporta las fotos, en qué plazo se revisan y qué pasa si la clínica no manda material a tiempo.

Lo mismo con los informes. Que exista un informe mensual, que llegue en una fecha fija y que incluya los datos que a ti te sirven para decidir, no cuarenta gráficas de las que no sale ninguna conclusión. Y una reunión, aunque sea corta, para hablar de ellos. Si te interesa el detalle, aquí explicamos cómo trabajamos y qué se entrega cada mes.

La parte de protección de datos que también es contrato

Si la agencia gestiona tu web con formularios, tu lista de correo o tu WhatsApp, está tratando datos personales de tus clientes por cuenta tuya. Eso exige un contrato de encargado del tratamiento firmado, además del contrato comercial. No es papeleo opcional: la responsabilidad frente a un cliente que reclama sigue siendo de la clínica.

Comprueba también que los formularios de la web recogen el consentimiento como toca y que hay un procedimiento claro para atender una solicitud de baja o de acceso a datos. Es un punto que se resuelve en una reunión al principio y que, si se deja para después, no se resuelve nunca. Aquí lo tratamos con más detalle: protección de datos para clínicas veterinarias.

Qué preguntar antes de firmar

  • ¿A nombre de quién queda el dominio y el hosting?
  • ¿Quién es el administrador de las cuentas de Google Ads, Meta Ads y Google Business Profile?
  • ¿Hay permanencia mínima y cuánto cuesta salir antes?
  • ¿Qué pasa con el contenido (fotos, textos, diseño) si el contrato termina?
  • ¿Con cuánta antelación hay que avisar para no renovar?
  • ¿Se renueva el contrato automáticamente?
  • ¿Está separada la inversión publicitaria de los honorarios?
  • ¿Quién es mi interlocutor y en cuánto tiempo responde?

Ninguna agencia seria debería incomodarse por estas preguntas. Si una se pone a la defensiva antes incluso de firmar, imagina cómo será la conversación el día que quieras irte.

Señales de alarma antes de la firma

  • Prometer posiciones concretas en Google o resultados garantizados con plazo cerrado.
  • Negarse a poner por escrito quién es el titular de cada cuenta.
  • No entregar un contrato hasta que hayas pagado la primera cuota.
  • Presión para firmar hoy por un descuento que caduca mañana.

Si estás valorando una propuesta y quieres una segunda lectura de la letra pequeña, mándanosla. Aunque acabes trabajando con otros, es mejor firmar sabiendo lo que firmas.

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